
Cuando estamos usando ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot, estamos interactuando con herramientas basadas en modelos de lenguaje de gran tamaño, conocidos como LLM por sus siglas en inglés. Estos sistemas aprenden patrones a partir de grandes cantidades de texto y generan respuestas calculando, paso a paso, qué fragmentos de texto tienen más probabilidades de venir después, según el contexto de la conversación. Ese mecanismo probabilístico puede producir respuestas fluidas y convincentes que contengan errores o información inventada, porque una secuencia de palabras probable no garantiza que lo que dice sea verdad. Entender cómo funcionan nos ayuda a utilizarlos con más criterio y evitar algunos errores comunes.
Por su naturaleza conversacional, usar estas herramientas puede parecer tan sencillo como enviar un mensaje. Esa facilidad puede crear la ilusión de que, por utilizarlas todos los días, ya somos expertos en ellas. Nos familiarizamos con la conversación y damos por hecho que sabemos aprovecharlas, incluso cuando repetimos hábitos que nos llevan a obtener respuestas poco útiles, aceptar información incorrecta o terminar con más trabajo del que teníamos al principio.
Para aprovecharlas mejor, conviene revisar lo que hacemos casi en automático durante una conversación. Empecemos por algo que ocurre en cuanto recibimos una respuesta.
Para aprovecharlas mejor, conviene revisar lo que hacemos casi en automático durante una conversación
Empecemos por algo que ocurre en cuanto recibimos una respuesta
Aceptar la primera respuesta
La primera respuesta refleja cómo la IA interpretó tu petición, incluidas las suposiciones que hizo para llenar los vacíos. Al aceptarla de inmediato, puedes quedarte con algo que suena bien, pero que apenas responde a lo que necesitas. Revisar qué entendió mal, qué dejó fuera o qué abordó de forma superficial te permite orientar el siguiente intento con indicaciones concretas.
Creer que todo lo que dice es verdad
La IA puede presentar información incorrecta con una seguridad que hace difícil identificar el error. Por eso, cuando trabajes con cifras, fechas, investigaciones o información importante, comprueba los datos en fuentes confiables.
Utilizarla para todo sin pensar por nuestra cuenta
Una respuesta bien explicada puede hacernos sentir que ya entendimos un problema, aunque todavía no sepamos resolverlo por nuestra cuenta. Antes de darlo por terminado, intenta explicar con tus palabras por qué funciona la solución y qué cambiaría si las condiciones fueran distintas. Si te cuesta hacerlo, identifica dónde te atoras y pídele a la IA que profundice en ese punto. Después, vuelve a intentarlo sin ayuda: así podrás reconocer qué comprendiste y qué necesitas seguir trabajando.
Darle muy poca información y esperar demasiado
Pedirle que haga una presentación sin decirle el tema, el público o el propósito puede producir un resultado demasiado general. Cuanto más clara sea la información que le proporcionas, más posibilidades tendrás de obtener una respuesta útil. No necesitas escribir biblias o instrucciones complicadas, solo explicar bien lo que necesitas.
Compartir información personal o confidencial sin pensarlo
Subir documentos completos, compartir datos de clientes o escribir información privada puede generar riesgos innecesarios. Antes de introducir información en una herramienta, revisa qué datos estás compartiendo y las opciones de privacidad disponibles. Muchas veces puedes obtener el mismo resultado sin incluir nombres, contraseñas o información confidencial.
Pensar que utilizar IA significa hacer menos trabajo
La inteligencia artificial puede generar textos, resumir documentos, proponer ideas y crear imágenes, videos y muchos otros recursos que aceleren tu trabajo, pero esa rapidez también puede hacerte subestimar lo que falta por hacer. Generar diez propuestas en segundos implica dedicar tiempo a compararlas, descartar las que no sirven y desarrollar la que vale la pena. Después toca comprobar la información, corregir errores y ajustar los detalles. Si solo calculas el tiempo que tarda la IA en responder, estás dejando fuera una parte importante del trabajo.
La próxima vez que utilices una herramienta de IA, presta atención a cómo la estás usando. Tal vez no necesites una herramienta nueva, sino cambiar algunos hábitos para aprovechar mejor la que ya tienes.
En Imaginatec impulsamos una integración consciente de la tecnología y la inteligencia artificial en nuestra sociedad. Creamos cursos para que personas y profesionales, vengan de donde vengan, desarrollen las habilidades y el criterio para aprovechar la IA en su vida y su trabajo. Porque aprender a utilizarla también significa aprender a hacerlo mejor.